LA ESFERA PUBLICA SANJUANINA Y SU PORTAVOZ EL ZONDA

LA ESFERA PUBLICA SANJUANINA Y SU PORTAVOZ EL ZONDA

Lic. César L. Díaz – Prof. María M. Passaro

 

En el presente trabajo estudiaremos al semanario El Zonda (1839) como órgano de difusión de la Sociedad Literaria de San Juan. Este periódico constituye el resultado de una serie de emprendimientos propiciados, desde 1836, por un grupo de jóvenes sanjuaninos encabezado por D. F. Sarmiento, tales como:la Sociedad Dramática y Filarmónica,la Sociedad Literaria yla Escuela de Señoritas. La idea de sofocar los aletargados días provincianos es la que dio origen a estas sociedades a pesar de que, muy prontamente, sus acciones devinieron en un programa de otro cariz. Por ello explicaremos suscintamente la creación de estas sociedades para luego detenernos, de manera pormenorizada, en el estudio de la publicación periódica sanjuanina.

Las asociaciones y su producción (artística, literaria, pedagógica, periodística) serán analizadas como expresiones manifiestas del surgimiento de la «esfera pública sanjuanina». El marco teórico que fundamentará este análisis será el concepto de «esfera pública» esgrimida por J. Habermas en su libro Historia y Crítica de la Opinión Pública[i]. En el mismo, analiza el surgimiento de la «esfera pública» en Europa en el marco de la consolidación de la sociedad capitalista y, por lo tanto, de la clase burguesa. La «esfera pública» es entendida por el autor como la conformación de un grupo de personas que se asumen como representantes de la opinión pública, es decir, como «público raciocinante». Este grupo se cohesiona no sólo a partir de la discusión de temas afines (literarios, políticos, económicos, entre otros), sino también a partir de la concreción de una nueva práctica que manifiesta el despertar de una actitud crítica de este público: las reuniones en salones, tertulias y cafés. Para J. Habermas la organización de la «esfera pública» tiene tres manifestaciones concretas: a) la publicidad política, que surge de la publicidad literaria, b) la discusión en un marco público, donde se da la problematización de ámbitos antes vedados a su cuestionamiento por la opinión pública y, c) por el desenclaustramiento del público a partir de estas reuniones, hecho que posibilita que este «público raciocinante» sea el portavoz de uno más amplio o «difuso»[ii]. Es importante destacar que este grupo selecto comparte un mutuo sentimiento de pertenencia generado por condiciones comunes, educación y riqueza, enmarcadas en el ámbito del prestigio social.



[i] Jurgüen Habermas. Historia y crítica de la opinión pública. México, Gili, 1994.

[ii] Ibidem, pp. 68-69.

 

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